domingo, 3 de abril de 2011

LA PRIMA VERA

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esa palabra cursi con nombre de parienta. Esa vieja señora vestida de flores y remiendos verdes, un poco hortera. No entiendo por qué despierta tanto entusiasmo, tantas pasiones, haciendo año tras año sus travesías sobre la tierra


¿a qué se debe tanto agasajo, tanto entusiasmo y regocijo por su venida, cuando son sus visitas trucos de magia de una alcahueta vieja y astuta, creando un espejismo con la expansión del pulso de la vida?


todo bicho se pone caliente y rojo con su llegada: un cachondeo

toda bicha se siente de igual manera. ¡Y así la orgía ya está servida!

toda hembra se queda de amor preñada cuando le pasan las calenturas. Y si hay fortuna, algunas de ellas darás las gracias cuando se vean reproducidas –recién paridas-. En cambio, otras saldrán del trance, del espejismo, eternamente arrepentidas de haber gozado por unas horas para sufrir consecuencias toda su vida. Por acceder a los manejos de la primita, cuánta hembra sale del espejismo más bien jodida


¿y los machitos? Después del cachondeo, a trabajar. Defendiendo su hembra, defendido su honra, su propiedad. Hasta el año que viene, y si es necesario hasta la eternidad cuando pasa el calor y la tierra se enfría. Cuando ya se contrae el pulso de la vida. Se marcha la parienta que estuvo de visita, dejando tras de sí una enorme parida de placer y dolor, de llantos y de risas: el fruto de la vida

pero nunca escarmienta la ingenua vida. Siempre tropieza en la misma piedra. Pues volverán a quedarse bichas y bichos embobaditos cuando regrese el próximo año a hipnotizarlos y armar su orgía la prima hortera


y dirán todos y todas con alborozo desmesurado: ¡Uy, qué bonita, la prima Vera! .


© Ramón Sampedro (en recuerdo a un Hombre)

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